Diferencias entre RGB, CMYK y Pantone®

Diferencias entre RGB, CMYK y Pantone

Si te interesa el diseño gráfico, seguro que has oído más de una vez los términos RGB, CMYK y Pantone®. Los tres son modelos de color pero, ¿sabes a qué hace referencia cada uno de ellos?

RGB

El RGB (siglas de red, green, blue) es la representación digital que se produce al mezclar los colores de luz primarios: rojo, verde y azul. Dependiendo de la intensidad con la que se mezclen, obtendremos los diferentes tonos del espectro. El blanco se obtiene mediante la cambinación de las tres luces a su máximo valor y el negro es la ausencia total de ellas.

Este modelo de colores es el indicado para todos aquellos elementos o trabajos que vayan a ser mostrados de forma digital: pantallas de ordenador, tablets, smartphones, televisiones…

CMYK

El CMYK (siglas de cian, magenta, yellow y key) es un modelo que obtiene su gama cromática de la mezcla de tintas de los siguientes colores: cian, magenta, amarillo y negro. Este modelo, también conocido como cuatricomía, es el que usan las impresoras domésticas.

Este modelo de color es apropiado para aquellos trabajos que vayan a ser impresos. Recuerda que los colores de tu impresión no van ser exactamente como los ves en la pantalla. Así que si lo consideras necesario, pide una prueba en tu imprenta para conocer la apariencia final de tu proyecto.

PANTONE®

Al igual que el CMYK, este modelo también está indicado para aquellos trabajos que vayan a ir a imprenta. La diferencia es que Pantone® es una empresa que ha definido un catálogo de colores sólidos, es decir, los colores no se obtienen por la mezcla de otros sino que los tonos están estandarizados por el fabricante. Esto nos permite que los colores de nuestro trabajo sean exactamente los mismos en cualquier imprenta del mundo.

Actualmente Pantone® cuenta con un catálogo de casi 2000 colores.

¿QUÉ ES MEJOR? ¿CMYK O PANTONE®?

Pues la verdad es que no hay una opción mejor que otra, dependerá de las necesidades de cada proyecto y de cada cliente.

Por ejemplo, si soy una conocidísima multinacional de refrescos de cola, querré que mi tono de rojo sea siempre el mismo porque forma parte de mi imagen de marca tanto como el nombre o el logo. Entonces imprimiré siempre con ese tono de Pantone® concreto aunque suponga un coste superior.

En cambio, si soy un negocio local, es muy probable que la gente no me va identifique con unos colores exactos. Seré más reconocible por otros elementos como el logo, el nombre o una estética determinada de mi publicidad. En este caso, no me compensaría pagar ese coste extra e imprimiría en CMYK.